EL PERFECTO ES ÉL

No busca perfecciones, sino corazones. La sensación de ser especial o fuera de lo común, no es necesaria y de hecho puede ser contraproducente para un proceso vocacional. No llama a personas perfectas sino dispuestas, mujeres con el oído atento. El monasterio es una escuela en la que crecemos siempre unidas a Él.

LLAMA Y ESPERA RESPUESTA

No hará falta milagros ni apariciones para preguntarte ¿Esto es para mi? De hecho, es inusual que Dios comunique así “la llamada”, es más de hablar en lo interior en “el silbido apacible”.  La vida en sí es una buena escuela, con los años aprendes a dar valor aquello que te hace plenamente feliz, que te llena de sentido y lo buscas.

CUESTIÓN DE ENTREGA

Toda consagración religiosa tiene dos partes, unidas y sincronizadas 100%. El compromiso afianza la generosidad. En lo adelante, no será cuestión de vivir para nosotras sino para Dios que vive en medio nuestro, e importante, está presente en los hermanos. Cero egoísmos y parcelas o territorios de poder, somos por Él y para Él.

VEN, ACÉRCATE: VÍVELO

No tendrás la certeza si no consigues experimentarlo en primera persona, por ti misma. Las vivencias trepidantes no debes dejar que te las cuenten. Es un reto ampliar los horizontes, contemplar nuevas perspectivas. Además, si estás tan segura de que no es para ti, de que un monasterio no es lo tuyo. ¿Qué sucederá si pruebas?
https://www.youtube.com/watch?v=m8PwMpMsz14&feature=youtu.be

AMOR ALCANZADO: El esfuerzo por encontrar tu centro, aquello que te plenifica y realiza, está íntimamente ligado al estilo de vida, a la opción que hacemos...

SER vs APARENTAR: No es cuestión de aparentar, es descubrir y aceptar aquello que somos, comprometernos con mejorarlo. En ese camino Dios puede echarnos una mano.

SOMOS MUY AMADAS: La monja ha entendido el sentido de la fe y el sabor de la certeza, lo da a conocer al saberse humana en la misma proporción que amada, por un Dios, que ni muere ni abandona.

AMOR QUE NO MUERE: La monja, no es un extraterrestre museístico, sino alguien que ha optado por creer en el AMOR para siempre.

CONTINUA CONVERSIÓN: En sana relación con Dios aprendes de Él lo bueno, también tus fallos, pides perdón y sigues, con la seguridad de una nueva oportunidad.

ÉL ALEGRA EL CORAZÓN: Dios dilata mis horizontes, abrazas todas aquellas personas que antes la distancia o la empatía no te permitían tocar o apreciar. Somos el corazón de la Iglesia.

SOMOS DE LA HUMANIDAD: Imitamos a Cristo en pobreza, con alegría, así como en castidad y obediencia. Juntas y hermanas para hacer el camino, prometiendo conversión y estabilidad en el propósito de ser suyas.

Detrás de lo desconocido, está Jesús.

¿Dispuesta a propiciar el encuentro?

María es Reina

de todas las casas de la Orden

En el silencio, pero sobre todo en la disponibilidad de María, la monja aprende amar a Jesús. Cada noche antes de dormir, cantamos la Salve cisterciense, y nos llevamos como último recuerdo a María, junto al ofrecimiento de cobijarnos bajo su manto de madre.