Santa María de la Caridad es la titular de nuestro monasterio, es nuestra «Virgen de la Salve». Una preciosa imagen gótica preside nuestro templo.   Esta advocación, aunque conocida, no es muy frecuente;  sin embargo  nuestra comunidad la tiene desde su origen.  En el documento más antiguo sobre la fundación del monasterio, el rey García Ramírez, primer rey de Navarra, expresó su deseo: » por el amor de Dios y las almas de mis padres.

En julio de 1147  pidió oficialmente al monasterio de  Lumen Dei – Favars: edificar un monasterio en honor de Dios y de Santa María».   La respuesta no se hizo esperar ;  posiblemente estaba ya preparada en la hija de Tart,  que es el primer monasterio femenino de Císter.  La hija -nuestra madre-  se llamaba Lumen Dei – Favars-  De allí partió la caravana monástica camino de Tudela, seguramente en el mismo verano de 1147.

Pocos meses después, en noviembre de 1147, cuando nuestra comunidad era jovencísima, D. Miguel, obispo de Tarazona, diócesis a la que pertenecían estos terrenos entonces, se expresaba así  «Hago esta carta y escrito de donación a ti María y a tus hermanas, tanto presentes como futuras» Y sigue: «Te hago donación a ti y a Santa María de la Caridad  y a las hermanas que viven allí»

En estas fechas, nuestra comunidad ya tenía nombre y personalidad propia; el nombre que ha prevalecido por los siglos: «Santa María de la Caridad».  Entre los restos históricos valiosos que guardamos con veneración, hay uno que apreciamos intensamente: Una imagen de Santa María de la Caridad del siglo XII; muy pequeña, tallada en una madera conocida y típica de los bosques franceses pirenaicos, cercanos a Favars. La imagen pudo venir en la caravana fundadora salida de Favars.  Quizá sólo vino el tronco, la madera adecuada para tallarla al gusto de la devoción del lugar donde iba a ser colocada.

Es muy significativo que Favars -nuestra madre- entregara el tronco, la materia, la enjundia, el embrión que habría de germinar y remodelarse y adquirir un rostro preciso, el rostro que Santa María quería mostrar a esta hija privilegiada que ha sobrepasado en siglos a la madre.

Hoy, con su restauración, hemos vuelto a recuperar la imagen, a valorarla y  amarla. Es demasiado pequeña para que presida nuestro templo, para ser la Virgen de la Salve; se perdía humilde entre las sombras de la nave.

Esto debió ocurrirles a nuestras antepasadas y la llevaron más adentro, a la intimidad de la comunidad. Desde el siglo XIII tenemos también otra preciosa imagen de Santa María de la Caridad que hoy preside el templo y es nuestra Virgen de la Salve. Parafraseando la Biblia podemos decir que «Generaciones sin fin han  cantado vítores en este mismo recinto». Santa María de la Caridad ha sido su mejor directora de coro. Mujeres ardientes, buscadoras de Dios, audaces soñadoras…  Al fin y al cabo:  MUJERES que se atrevieron a pasar a través del fuego. Pero no estaban solas; Santa María de la Caridad  -estrella y fuego- las cubre y las ilumina…  Un año y otro año; un siglo tras otro, hasta pasar al tercer milenio.

Generaciones y generaciones han sufrido avatares; han saboreado lo esencial de la vida; han pasado sobresaltos; han sobrevivido muertes … Siempre hubo alguien para pasar la antorcha. Alguien abierta al Espíritu, abierta a la trascendencia. Pasando por el fuego de «estar en el mundo pero sin ser del mundo»..

Santa María de la Caridad peregrinaba con ellas. Santa  María…  ternura…  estrella…   fuego…

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